La cuestión es ver qué pasa cuando mandas a alguien a la guerra y le pides que se comporte como un bestia en nombre de la libertad, y luego ese tipo vuelve a casa y sigue comportándose igual. Es como enseñar a un perro a atacar al que se acerca, y esperar que cuando un amigo viene a casa se siente en su regazo.
P.T.Anderson
24 horas han tenido que transcurrir desde su
visionado para ser capaz de redactar la primera línea de esta crítica. The Master no es “fast food”. Hay que madurarla. Y deja poso, como el gran arte.
Anderson nos transporta al final de la segunda guerra mundial para narrarnos la
historia de Freddie Quell y Lancaster Dodd en una sociedad llena de
preguntas y falta de respuestas, como el espectador cuando se apaga el
proyector.
