En un país en el que el cine no se contempla como arte, sino
como mero entretenimiento adormecedor de almas, llama la atención que surjan
individuos con la necesidad y vocación de crear. No es extraño en realidad, la
decadencia o crisis de un país del primer mundo es la mejor situación para los artistas:
España está llena de escritores, músicos, cineastas, etc con mucho talento cuyo
único problema es la nula intercomunicación con el espectador. Lo que es
extraño, desgraciadamente, es que éstas obras
acaben siendo distribuidas.
